lunes, 27 de febrero de 2012

¿Se puede construir una ética del Trabajo Social?

El trabajo Social desde sus inicios ha sido una profesión con un gran sentido social, ya sea por su cercanía con las personas, su compromiso con las problemáticas sociales y/o particulares y con la propia visión de la carrera, la cual se ve fuertemente influenciada por el contexto en el cual se desarrolla ésta, pues es preciso señalar que la labor desarrollada en un comienzo, tenía directa relación con temáticas de higiene y cuidados en salud, hecho que con el paso y avance de la disciplina ha ido variando constantemente. En ese sentido, la ética es un elemento esencial en la transformación que ha tenido la labor hasta nuestros días.

Para comenzar, es importante considerar que el trabajador social se ve continuamente enfrentado a diversas situaciones que ponen en jacke su ética profesional pero sobre todo personal, esto se da principalmente, por la relevancia que tiene en nosotros los valores propios y la forma en cómo miramos el mundo, lo que en ocasiones se ve contrapuesto a lo que el código profesional nos plantea. En palabras simples, ¿Qué pasaría si un profesional debe trabajar con una persona homosexual que acude a él para que lo oriente, teniendo un concepto de familia compuesto por un hombre y una mujer? ¿Será capaz de dejar a un lado su concepción de vida y atender la problemática?, la respuesta podría ser obvia, puesto que al estar ejerciendo y lo que se inculca en la formación académica es que tenemos un código ético que debe ser llevado a cabo. Por lo mismo, si se nos dice que “los trabajadores sociales tienen la responsabilidad de oponerse a la discriminación negativa por razones de capacidad, edad, cultura, género o sexo, estado civil, estatus socioeconómico, opiniones políticas, color de la piel u otras características físicas, orientación sexual o ideas religiosas” (FITS, 2004. p.2)  esto debiera ser una máxima sin mayor cuestionamiento, ahora bien ¿Qué sucede con nuestra propia ética? ¿Es posible dejarla de lado en un 100% al momento de ejercer?, pareciera que sí, pero si nos enfocamos en que ética sería “un conjunto de normas que un sujeto ha esclarecido y adoptado en su propia mentalidad” (Soto, s/f. p.5) donde además este proceso se da a través de la reflexión y análisis que el mismo sujeto ha realizado, siendo un suceso que se da de manera interna y que no involucra la visión de la sociedad (Soto, s/f)  la discusión pasa a tener un tinte distinto.

Considerando lo antes mencionado, ¿Qué relación tiene la ética con la libertad? ¿El trabajo social como profesión puede hacerse cargo de esta relación?, primeramente, es importante aclarar a que apunta esto. Como bien se planteaba en el párrafo anterior, la ética desde este punto de vista sería una construcción propia a partir de preceptos que se nos entregan como insumo y que en base a la reflexión que se pueda hacer de ello, será adoptada o no, entonces el medio donde nos desenvolvemos y lo que vamos aprendiendo en nuestra vida son elementos importantes para la formación de nuestra ética. En esa línea, si una persona tuvo un accidente lo suficientemente grave como para quedar tetrapléjico y completamente dependiente de los demás decide morir, pues a raíz de lo que él considera, la vida que está llevando a cabo no es digna, ¿Cuáles serían las razones para negarle esta posibilidad?, tomando en cuenta que estamos apelando a que cada persona en su mundo interno va forjando su propia ética, donde estarían incluidos sus valores, “de modo que ciertas cosas nos convienen y a lo que nos conviene solemos llamarlo “bueno” porque nos sienta bien; otras, en cambio, nos sientan pero muy mal y a todo eso le llamamos “malo”. Saber lo que nos conviene, es decir: distinguir entre lo bueno y lo malo, es un conocimiento que todos intentamos adquirir -todos sin excepción-” (Savater, 1991. p.21), por tal circunstancia, los cuestionamientos que van dirigidos a la acción que quiere realizar está persona y que son justificados por una mirada ética, en un sentido práctico es lo que a nosotros nos parece bueno o malo, o bien lo que alguien más nos dijo. Es de este modo como a partir de tal hecho podemos señalar que esta transformación hacía lo bueno y lo malo es lo que nos llevaría a la moral, porque “tiene una base social, siendo un conjunto de normas establecidas en el seno de una sociedad y como tal, ejerce una influencia muy poderosa en la conducta de cada uno de sus integrantes” (Soto, s/f, p.6),  teniendo esta característica, se vuelve completamente impositiva, determinando toda acción de las personas, y en el caso que este actuar no sea acorde a lo que dicha moral plantea, la sanción social no se deja esperar. Pensando en aquello, ¿Dónde quedaría esta libertad para construir nuestra ética y la forma de llevarla a cabo?, pues a partir de la definición que hemos utilizado, la palabra que se puede rescatar de la misma es la “libertad”, libertad en la reflexión, análisis y adopción de una mentalidad específica, por lo mismo, si este personaje decide morir, ¿Por qué no dejar que lo haga?, pues es su decisión y juegan en esto varios elementos que apoyarían dicha moción. Lo primero es que si bien hay una visión concreta en cuanto a la vida, ya sea a nivel social, moral y jurídico, también “por mucha programación biológica o cultural que tengamos, los hombres siempre podemos optar finalmente por algo que no esté en el programa (al menos que no esté del todo)” (Savater, 1991. p.29), por ende la posibilidad de elegir está a la vuelta de la esquina, el problema surge cuando esa capacidad se niega, e impone a una sola posición, pues más allá de la propia postura de la persona en sí, es del profesional que debe poner en la balanza su ética personal y la profesional, aun cuando para muchos la segunda tiene mayor importancia. En segundo lugar, “no somos libres de elegir lo que nos pasa, sino libres para responder a lo que nos pasa de tal o cual modo” (Savater, 1991. p.29), en ese sentido la imposición de la sociedad estaría impidiendo que esto se lleve a cabo. Es claro, nadie desearía quedar tetrapléjico y dependiente en gran medida, más aun una persona que en el transcurso de su vida se desarrolló con total autonomía, por ende, desde este punto de vista es totalmente factible el disponer de su vida apelando a este principio. Si a esto le sumamos que actualmente la concepción de libertad apunta a que se puede elegir en el mercado, donde la propiedad privada es parte de este desarrollo personal que se va gestando, entonces ¿Por qué no ver la vida como parte de dicha propiedad?, es probable que bajo este análisis tal hecho se considere antiético por donde se le mire, ya sea porque la vida no es un producto más, el cual se pueda comercializar o acabar con él en cualquier momento, porque involucra a todo un sistema familiar y porque hay sentimientos de por medio, además de la expresa visión de la sociedad que crítica este proceder, lo que se ve completamente normado por un marco jurídico que limita toda acción que apunte a vulnerar aquello. El gran conflicto que se presenta es que “no podemos hacer cualquier cosa que queramos, pero también es cierto que no estamos obligados a querer hacer una sola cosa” (Savater, 1991. p.29), en concreto tal afirmación no sería tal, pues como no está legalizada la eutanasia, la persona debe seguir viviendo aun cuando no quiera hacerlo, en cambio, si decide llevarla a cabo igual es sancionado su actuar, generalmente esta normalización de los actos se ve justificada a partir de la idea que, si esto se ve reglamentado, el acto en cuestión se vería recurrentemente cometido, afectando el orden de la sociedad, en ese aspecto esta posibilidad de optar entre lo que nos parece éticamente correcto y no, se ve truncado.

Retomando la ética profesional, y continuando con la disposición que se pueda hacer de nuestra vida, ¿Qué posición tiene el Trabajo Social con respecto a este punto? Si apelamos nuevamente al código ético, éste plantea que “los trabajadores sociales deben respetar y promover el derecho de las persona a elegir por sí mismos y a tomar sus propias decisiones, sea cuales sean sus valores y opciones de vida, siempre que no amenacen los derechos e intereses legítimos de otros” (FITS, 2004. p.2), de este modo, y ante una situación de este tipo ¿El trabajador social puede apoyar una petición así? ¿Su ética profesional se lo permite sin problemas?, es probable que dicha libertad de acción no sea del todo manifiesta, pues hay algo que se lo impide y es lo jurídico, el profesional puede entregarle todos los insumos a esta persona para que lleve a cabo su deseo, pero siempre habrán terceros involucrados que verán mermado su propio bienestar, donde al desencadenarse esto, toda acción profesional que apunte a dar una respuesta positiva a dicha petición se verá entorpecida, por tanto, aun cuanto mi propia ética sea acorde a la ética profesional, siempre habrá un obstáculo para que esto se desarrolle sin impedimentos.

Concluyendo, resulta sumamente complejo el poder aplicar del todo la ética profesional en el quehacer del Trabajo Social, sin que tus propios valores y esa ética personal que se está formando genere conflicto, por lo mismo y apelando a lo que el código plantea, tomar en cuenta la postura de la persona con la que se está trabajando es fundamental para un desarrollo sano y efectivo de la profesión. Considerando lo anterior, esta construcción ética desde el Trabajo Social no es del todo posible según todo lo antes expuesto, debido a la constante disputa entre lo que creemos y lo que la profesión nos dictamina, por tal razón es posible notar múltiples situaciones en las cuales los valores propios pasan a ser protagonistas en el desempeño del trabajo a realizar, siendo perjudicadas todas aquellas personas que requieren de nuestra labor, por tal hecho el desafío es apuntar a los aspectos en común de ambas propuestas éticas para empezar a construir y desarrollar de mejor forma el quehacer profesional, siendo conscientes que nuestros valores siempre estarán presentes, porque somos parte de la realidad en la que trabajamos. 

Bibliografía
Federación Internacional de Trabajadores Sociales [FITS] (2004): “Código de Ética de la FITS”. Aprobado por la Asamblea General de la Federación Internacional de Trabajadores Sociales y de la Asociación Internacional de Escuelas de Trabajo Social. Australia.

Savater, Fernando (1991): “Ética para Amador”. Editorial Ariel, S.A. España.

Soto, Lilly (s/f): “Diferencias entre Ética y Moral”. Síntesis expositiva http://www.slideshare.net/lili369/diferencias-entre-etica-y-moral. España

sábado, 30 de julio de 2011

La democracia enferma de Chile (El Quinto Poder)

Decir que el problema de nuestra democracia se encuentra en las coaliciones gobernante y opositora se nos queda muy corto. La enferma democracia chilena radica en elementos muchos más profundos, de toda la sociedad, y la superación de esos problemas requiere una mirada de largo plazo, cambios profundos en la estructura política del país y la colaboración de toda la ciudadanía.
Nuestra sociedad ha cultivado el individualismo, el clasismo, la xenofobia. Ha creado para sí misma una imagen de sociedad exitosa y moderna, que al mismo tiempo es un país desigual y muy por debajo de las garantías y derechos de las personas. Podemos observar la efervescencia de las movilizaciones pero poco podemos conocer del compromiso de las y los ciudadanos por cambiar nuestros modos de vida. No queremos antenas de celular cerca de nuestras casas, pero no dejamos de hablar por el I-phone o la blackberry.
Somos un país rico en recursos naturales y estamos motivados a protegerlos y manifestarnos. La pregunta es ¿cuántos estamos dispuestos a sacrificar parte de nuestra comodidad por mitigar los efectos que tiene el desarrollo capitalista en el medio natural? El desarrollo sustentable – en Chile y en el mundo – se convierte en un producto más al cual sacar beneficios.
La responsable del estado de enfermedad de la democracia, que se manifiesta en la crisis de legitimidad de las autoridades e instituciones, es precisamente una sociedad que ha crecido enseñando a los ciudadanos a rascarse con sus propias uñas. Falta de garantías mínimas, con una "meritocracia" desde arriba que premia a los de siempre. No es fácil librarnos de una forma de pensar, de una cultura instalada, reforzada por la educación, nuestro sistema electoral, nuestros líderes y las empresas, apreciada como algo sumamente normal por todas y todos nosotros.
La transformación proviene de un cambio social y político profundo, complejo y de largo plazo. El objetivo debe ser profundizar la democracia, acercar el poder a la ciudadanía y crear una sociedad que brinde a todos y a todas las bases fundamentales para su desarrollo, que les entregue las herramientas sin excepción, para que cada uno, conforme a sus motivaciones construya su vida y su felicidad. Debemos trabajar en una sociedad más diversa que equilibre los pilares de igualdad y libertad.
La nueva generación que hoy moviliza y deja huella en la historia de Chile, debe ser la que sea capaz de rehacer un discurso político perdido, soñar y construir una democracia más comunitaria. No buscamos un Estado todopoderoso, pero tampoco un Estado frágil que abandona a los que menos tienen ante los intereses puramente económicos. 
Todas estas cuestiones pueden parecer demasiado abstractas, demasiado utópicas, pero son las ideas (como ya lo decía Berlin) las capaces de mover al mundo. No debemos dejarnos vencer por quienes no quieren pensar, por quienes prefieren quedarse como estamos y avanzar en la medida en que los poderosos lo permiten. Tenemos el derecho de pensar, criticar y construir el mundo en que queremos vivir. Sólo con ese aliento podremos caminar hacia un Chile mejor de como lo encontramos.


domingo, 17 de julio de 2011

La lucha entre el querer y el poder

La vida es una impredecible dimensión donde en ocasiones te encuentras en el lugar preciso y en otras donde cosas inesperadas suceden y mueven tus esquemas a tal punto que terminas actuando como no imaginaste. Muchas veces puedes suponer situaciones y la forma cómo actuar frente a ellas, pero cuando se vuelve real, cosas inimaginables pueden pasar, sobre todo cuando aquella vulnerabilidad oculta obligadamente, se va volviendo manifiesta y todas esas debilidades que deben quedar escondidas salen a flote, es en ese momento donde te vuelves vulnerable y la jugada se vuelve peligrosa, es aquí donde debes decidir jugar y morir o retirarse y asumir una nueva derrota.

En momentos ves la derrota como inminente, llegando a asumirla como segura y donde cualquier esfuerzo que hagas es innecesario ante este destino, por lo cual te cuestionas si vale la pena seguir nadando contra la corriente cuando algo ya está definido y donde no tienes las esperanzas para cambiar aquello, idealizar esto y creer lo contrario puede ser fatal. Por ello cada señal se vuelve fundamental ante los pasos a seguir, pero como se temía estas señales no contribuyen a rebatir lo anterior, por lo cual los cuestionamientos son cada vez peores y más crueles y donde cada hecho se vuelve definitivo, es ahí que dejas de lado lo que quieres y lo reemplazas por lo que puedes hacer, esto reforzado porque del otro lado del horizonte tampoco hay intenciones de construir un nuevo destino.

Quizá esa alma soñadora que cree que todos son iguales a ella, espera señales al mismo nivel y se decepciona al notar que esto no es así y que probablemente hay menos almas que luchan por algo, por más difícil que esto sea. Que si le dan muestras que la lucha será de igual a igual y sacrificando lo mismo está dispuesta a entregar la vida si es necesario, pero no, esto no se concretará jamás, porque es más fácil tomar lo que tienes a la mano y ser feliz con ello, conformándote aunque no sea lo que en su momento esperaste. Ahora solo queda volver a empezar, y ante la imposibilidad de emprender un largo viaje, recurrir a esa coraza que tantas veces ha salvado la integridad de aquella alma soñadora que como nunca tuvo toda la intención de luchar y de entregar, pero cuando se llega a un punto en donde se da más que lo que se recibe tienes dos opciones, jugar una última carta que puede ser fatal o iniciar de nuevo esa historia que se conoce de memoria y que ya genera pereza volver a escribir, aunque esta vez será distinto porque “no se puede dejar de querer de un día para otro” y porque a pesar de lo que pudiesen decir muchos “si creo en imposibles”, pero ya no depende de esa alma soñadora, esa alma si bien no es la más cariñosa, no es la más “jugada”, no es muchas cosas, si es sincera y si quiere de verdad y todo lo que entrega es real, pero bueh, el tiempo se acaba y el final se aproxima, y cuando eso ocurra ojala el arrepentimiento no cobre su tajada.    
   

miércoles, 1 de junio de 2011

¿Se repite la historia?

Cuantas veces se plantea la promesa de no tropezar con la misma piedra, de dejar de ser ilusa y de pensar con la cabeza. Cuantas veces el no más se vuelve una oración que se implora con total convicción. Cuanto tiempo se espera para que las cosas sean distintas y sin embargo se repiten una y otra y otra vez. Siempre he pensado que todo tiene una razón de ser, que por algo ocurren las cosas y que una mano invisible va jugando ajedrez, donde en base a ello se mueven las piezas de una u otra manera, pero ¿No será mucho? ¿Acaso la vida tiene un plan distinto a lo que cada persona se propone? Si, está bien, no todo debe ser fácil y que hay que ganarse las cosas y muchos blah, pero esa búsqueda constante de la felicidad debe tener algún resultado en un momento dado, o por lo menos es lo que cada persona le gustaría que ocurriese. A pesar de ello, muchas veces es inevitable pensar que todo sería más fácil si fuésemos “robocs” si nos enfocarnos en cumplir tareas y ver resultados.  Por otro lado se entiende que los sentimientos vienen a complementar nuestra vida y paradójicamente a volvernos dichosos, pero también hay sentimientos “malos”, “traicioneros” o bien que tienen como misión principal complicarnos la vida, quizá le dan ese saborcillo que requerimos para sentir que nuestra existencia es más emocionante, toda una telenovela, claro dejando de lado el “es que me he quedao ciega” o “me han robado a mi hijo”, pero “¿conchalevale que es lo que tú te crees?” y todos los etcéteras que pudiesen imaginar.

Frente a esto, ¿Qué será mejor? ¿Dejar pasar el asunto o enfrentarlo? Teniendo claro que los resultados pueden no ser los mejores, o bien hacer como que todo está bien y posesionar esa sonrisa que oculta todos los males posibles, quien sabe, quizá mañana todo sea peor o bien las cosas mejoren a tal punto que ese cuento que nos relatan cuando niños se vuelva realidad, pero atención, esto no es una historia, no es Disney y no somos Hannah Montana, somos seres que nos guste o no sienten, piensan y se relacionan, que tienen un ideal y que de nosotros depende concretarlo o no, aunque está malvada bruja se empeñe en volvernos infelices y nos haga creer que todo está perdido, después de tanta voltereta la luz divina a llegado y me ha iluminado ¡Eureka! Es mejor no formarse ninguna expectativa, si las cosas van a suceder o no, dejemos a la manito que haga su trabajo, que se gane el sustento diario y que siga fomentando nuestra pereza, después de todo el destino es el único que sabe lo que sucederá mañana.